martes, 4 de octubre de 2011

Ejercicio 1.1. Historia

De otro planeta
Señor “X” abre los ojos, se encuentra en un lugar que no conoce. No distingue a ver nada por la gran cantidad de luz blanca que hay. Está tumbado en el suelo, pero le resulta un lugar muy cómodo, es suave y blando. No hay nada a su alrededor, excepto paredes blancas, que parecen tener la misma textura que el suelo donde está tumbado. Se pone de rodillas y se incorpora.
-       ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Alguien puede decirme dónde estoy?
Nadie contesta. Gira 180 grados sobre sí mismo. Alcanza a ver un hueco muy oscuro al fondo de la sala. Le llama la atención por el gran contraste que produce. Se dirige hacia allí. Entra en la sala “negra”. En un rincón, hay un hombre muy extraño, lleva el pelo largo y alborotado, una barba muy larga y muchos pendientes en la cara y las orejas. Se encuentra sentado en un cojín gigante, colocado junto a un papel enorme. En una mano lleva un palo con pelos en su extremo, y en la otra un pequeño palo del que sale humo y que provoca que el único foco de luz que existe en la habitación se vea nublado. El señor “X” se acerca al hombre.
-       Hola
-       Hola, ¿qué quieres?
-       Me he despertado en aquella sala de allí, y  no sé dónde estoy. Aquí todo es muy extraño ¿no? ¿Qué estás haciendo?
-       ¿Es que no lo ves? Estoy pensando, quiero pintar un cuadro.
-       ¿Pintar? ¿Eso qué es?
-       ¿De qué mundo vienes?
-       No sé, es que aquí todo es tan diferente de dónde yo vivo…
-       ¡Déjame en paz, tío¡

Alguien más entra en la sala, lo sabe porque escucha unas pisadas. Las pisadas cesan, y seguido de un gran ruido, la sala queda completamente iluminada. Alguien ha movido unas telas enormes que tapaban el gran hueco que hay en la pared más alejada. Se trata de un niño. El niño se sienta en una de las mesas que hay junto al gran hueco, y abre el libro que lleva en la mano. Señor “X” se acerca para investigar.

-       ¿Qué haces?
-       (El niño le mira extrañado) Estudiar. ( baja la cabeza y continúa estudiando)
-       Pero, ¿y eso en qué consiste?
-       ¡Vete! ¿No ves que me estás molestando?
-       Pero es que… (el niño le interrumpe)
-       ¡Vete! (grita el niño mientras se levanta de su silla y comienza a perseguirle).

Señor “X” empieza a marearse, se siente aturdido, no se siente bienvenido en ese extraño lugar. Echa a correr, quiere salir de allí lo antes posible. Corre con todas sus fuerzas. De repente, todo se vuelve tan oscuro que no consigue ver nada. Cae rodando por una rampa y aparece en una nueva sala. Parece que aquel niño ya no le sigue. Esta vez, la sala no le parece tan agradable como la primera, hay una luz tenue y se oyen muchos gritos.

-       ¿Por qué has comprado eso? ¡Te has gastado todo el dinero!
-       Porque me gustaba, es mi dinero, y hago con él lo que quiera.
-       También era parte de mi dinero.
-       ¡Mentira! Eran todos mis ahorros, tu solo te has dedicado a administrarlo.

Señor “X” decide acercarse para ver si alguien puede aclararle dónde se encuentra.
-       Perdonen (los dos personajes que están discutiendo se quedan en silencio). Perdonen, ¿podrían decirme dónde estamos exactamente? ( Estos se le quedan mirando con cara de curiosidad)
-       ¡Tú! ¡Has sido tú! ¡Tú le convenciste para que lo comprara! ¡Ahora pagarás las consecuencias! (gritan dirigiéndose a “X”)
-       Lo siento, pero no sé de qué me habla.

La situación empieza a empeorar por segundos, así que “X” decide echar a correr de nuevo. Los dos personajes, ambos hombres jóvenes y muy bien vestidos, salen tras él. (Ha sido culpa tuya) (Tú eres el culpable). Pero antes de que “X” pueda salir” de la sala, la luz se vuelve de un intenso color rojo. Alguien ha encendido las luces, ¿por qué tienen que ser de color rojo? Esto le provoca mayor excitación, más ansiedad, pierde el control. Pues el espacio no es como él pensaba, todo se ve distinto. No se trata de una pequeña sala redondo con luz tenue, si no de una gran sala que parece no tener fin, pues paredes, suelo y techo son del mismo color, y la intensa luz roja no permite distinción entre ellas. Los dos jóvenes siguen tras él, pero ahora se les ha unido una tercera persona, una persona de menos estatura, el niño que estaba estudiando. (Ha sido culpa tuya) (Tú eres el culpable).

Señor “X” continua corriendo hasta chocarse con lo parece ser una pared y cae al suelo. Al incorporarse, distingue una pequeña ranura, ¿será una puerta? Sube un poco la mirada y consigue ver un pomo, ¡Es una puerta! Tira de ella y aparece en una nueva sala. Esta nueva sala, no le ayuda a tranquilizarse. Hace muchísimo calor allí. Está llena de gente que corre, grita, salta… Esta vez, la sala era mucho más grande que todas las anteriores, las paredes no tenían ni un solo hueco, el único hueco existente en la sala era en el techo. Parecía que no existiera, pues podía ver perfectamente el exterior, sin embargo, debía haber un cristal porque si no el calor no sería tan agobiante. El suelo le parecía muy cómodo. Estaba compuesto por unas pequeñas hojas verdes muy mullidas. Observa que la gente se divide en varios grupos, muchos de ellos van detrás de una pelota. No entiende nada, ¿qué sentido tiene ir detrás de una pelota? Decide acercarse a uno de ellos para preguntarle cómo salir de aquel lugar. Al hacerlo, la pelota choca contra sus pies, y el balón sale disparado hacia la esquina de la sala.

-       ¿Qué has hecho? ¿No ves que estamos echando un partido?
-       ¿Por qué interrumpes?
-       ¡Ha sido tu culpa!

Señor “X” echa a correr de nuevo, hacia la puerta que hay al fondo de la sala, pues la multitud se abalanza sobre él, y entre ellos, le da tiempo a distinguir a los dos hombres y al niño (Ha sido tu culpa) (Tú eres el culpable). Consigue salir de allí, sin que se le echen encima, pero la nueva habitación logra que Señor “X” entre en la situación de mayor confusión desde que despertó en este extraño lugar. Allá donde mirara podía ver  a miles de personas igual que él, como si se hubiera multiplicado.  Y a otro montón de gente, todas ellas  vestidas con batas blancas y turbantes blancos sobre la cabeza. Se trata de una sala cubierta por espejos, donde la luz era abundante.

-       ¡Quiero salir de aquí! ¡Ayudadme, por favor! (la gente le mira extrañados, mientras se acercan a él) (La sensación de agobio y confusión aumenta en Señor “X” que pierde el control y siente como se desmaya)

Señor “X” vuelve a abrir los ojos, se encuentra en un cómodo lugar, entre sábanas blancas y con un olor muy familiar. Esa sensación de angustia y temor ha desaparecido.
-       Uufff… Ha debido ser una mala pesadilla. Vuelvo a estar en casa…

No hay comentarios:

Publicar un comentario